Brasil: otro astillero en quiebra y la crisis barrió la mitad de los puestos de trabajo

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Un astillero de Rio de Janeiro, en el que la suspendida presidenta Dilma Rousseff prometió alguna vez dar empleo a un ejército de soldadores, electricistas e ingenieros para fabricar plataformas petroleras, está casi cerrado.

De acuerdo con información de las asociaciones laborales, unos 50 trabajadores en promedio son despedidos cada dos días. Eran más de 5.000 a fines de 2014 y para fines de este mes está previsto que no quede ninguno. 

El astillero Inahuma es el último en sucumbir a una crisis que ha barrido ya cerca de la mitad de los puestos de trabajo de la industria naval del país durante los últimos dos años, dejando compañías quebradas y acreedores impagos. Representa también el fracaso de los planes brasileros para construir casi de cero una industria de primer nivel capaz de competir con los astilleros asiáticos y de proveer al más ambicioso proceso de expansión petrolera del planeta.

La petrolera estatal Petroleo Brasileiro SA, que acordó pagar más para comprar plataformas construidas en el país y ayudar a arrancar a la industria naval, está ahora enviando trabajo de vuelta a Asia, subrayando las vulnerabilidades de una industria que ha descansado, básicamente, en un único cliente. Petrobrás produce alrededor del 90% del petróleo brasilero y los astilleros se expandieron para satisfacer sus ambiciosos objetivos de crecimiento. Esos planes se derrumbaron luego de que la petrolera se enterrara a sí misma bajo el peso de la mayor deuda de la industria y se convirtiera en el foco de un enorme escándalo de corrupción.  

“Es una combinación de crisis económica, crisis política, bajos precios del petróleo, escándalo de corrupción, todo eso junto”, afirmó Jesus Cardoso, líder sindical que ha estado ayudando a los trabajadores de Inahuma con sus derechos ante los despidos”.

Los planes preveían la conversión de cuatro cascos en Inahuma, por un total de USD1.700 millones, que en conjunto bombearían luego 600.000 barriles diarios, algo así como el 30% de la actual producción petrolera de Brasil. Dos de esas conversiones fueron hechas por completo en China por el Grupo COSCO Shipyard Group, y un tercero fue enviado a Brasil solo para la realización de unos toques finales. Solo uno de ellos, el casco para la Plataforma P-74, fue convertido en Brasil, y con dos años de retraso.

Para satisfacer los planes de expansión de Petrobrás, el astillero Inahuma fue totalmente renovado por Enseada, una compañía de ingeniería que ha recibido daños colaterales en el escándalo investigado bajo el nombre de “Lava jato”.

Solamente en Rio y sus inmediaciones, una decena de astilleros e industrias relacionadas han cerrado sus puertas, convocado a concursos de acreedores o interrumpido sus actividades ante la falta de pedidos, explica Cardoso.

Las cosas lucían diferentes en aquel caluroso y soleado día de 2013 cuando Rousseff visitó Inahuma. Brasil ya no necesitaría recurrir a astilleros extranjeros para proveerse del complejo equipamiento necesario para extraer crudo en el mar. Los puestos de trabajo y la ganancia quedarían en el país, como parte del ciclo virtuoso de ganancias e inversiones que poblaría la costa brasilera con centros industriales de primer nivel.

Casi diez astilleros fueron construidos o expandidos simultáneamente con la ayuda de préstamos subsidiados por el gobierno. Los nuevos proyectos asumieron contratos multimillonarios con Petrobrás, aun cuando los sitios estaban todavía cubiertos de malezas. El empleo crecía, y los planes de Rousseff para reavivar la industria naviera con plataformas fabricadas en Brasil generaban aclamaciones cada vez que ella mencionaba la creación de fuentes de trabajo.

“Ellos decían que no había manera, que no era posible producir plataformas en Brasil, abrir astilleros, crear más empleo”, clamaba la mandataria enfundada en un mameluco naranja de Petrobrás, dirigiéndose a cientos de trabajadores. “Ellos decían que era un sueño y que estábamos totalmente locos”.

Luego, los precios del petróleo se derrumbaron, explotó el escándalo de corrupción, lo que llevó a Petrobrás a recortar inversiones a menos de la mitad de lo previsto y a cancelar órdenes de provisión a través de toda su cadena de abastecedores.

Los CEO de Odebrecht SA, OAS SA y UTC Engenharia SA — compañías que en conjunto poseían el 70% de Enseada — han sido condenados por delitos de corrupción y cartelización.

Enseada declinó hacer comentarios sobre el contrato con Petrobrás para hacer trabajos en Inahuma, invocando un acuerdo de confidencialidad. Petrobrás no respondió a un cuestionario sobre el mismo tema.

“No sabemos qué es lo que va a suceder”, dijo el líder sindical Alex Santos en una entrevista telefónica, agregando que la falta de contratos tuvo un efecto dominó para toda la cadena de suministros. “Estamos perdiendo puestos de trabajo y estimamos que todo va a ponerse todavía peor”.

 

Fuente: nuestromar.org

 

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