Sombrías perspectivas de planes de inversiones para el puerto de Bahía Blanca

Se iniciará a fin de año la campaña de dragado en los sitios de amarre y canales. Aunque como sucede en muchos casos, la otra cara de esta moneda no resulta tan promisoria a corto y mediano plazo.

Su faceta positiva reside no sólo en la mano de obra que insumió, sino en la actividad que le sumará a la estación marítima local: 72 buques tanqueros más por año para abastecer a la Central Termoeléctica Guillermo Brown.

Sin embargo, en la otra cara de esta moneda, también hay que decir que se trata del último gran emprendimiento en marcha en los muelles locales y por ahora no hay obras similares en ejecución, seguramente a la espera de vientos más favorables y de los dólares que el gobierno nacional confía lograr en el exterior.

Hasta ahora sólo aparece en el horizonte palpable la segunda campaña anual del dragado de mantenimiento.

Tras la gran obra de 2013, donde se invirtieron 60 millones en el ensanche y profundización del canal principal, el contrato contempló la ejecución del mantenimiento de las condiciones de navegabilidad y el dragado periódico de los sitios de atraque y los canales de acceso a la Base Naval Puerto Belgrano y Puerto Rosales.

El plazo de esta obra es de cinco años y vencerá a principios del mes de abril de 2017.

Apenas aparece en el horizonte un par de proyectos --estatales--, para aprovechar las 8,8 hectáreas ubicadas entre Dreyfus y Galván, en Cangrejales, hasta hace unos años motivo de una ardua disputa entre Dreyfus y Moreno-Glencore, aunque ahora quedaron vacantes porque el Consorcio del Puerto decidió decretar la caducidad de la reserva por la no presentación, en 2013, de los proyectos comprometidos.

Hoy, donde debía haber al menos una planta de molienda para procesar soja o girasol con el fin de obtener aceites y harinas, ahora las autoridades del puerto apuntan a concretar uno o dos emprendimientos vinculados con el movimiento de cargas generales e ingreso de mercaderías desde el exterior.

Esas 8,8 hectáreas son las únicas vacantes de un total de 120 ganadas al mar durante un importante dragado a fines de los '80 y que alberga a grandes industrias como Profertil y Mega, sin olvidar que cobijó a la “playita” o balneario Galván, uno de los más populares de la ciudad hasta la década del '70.

Luego del fracaso del mega proyecto de dragado hasta Cerri y construcción de una planta regasificadora, el último gran emprendimiento privado que se esfumó fue el de Vale y su caída implicó un duro golpe para las aspiraciones portuarias locales.

En tal sentido, la cancelación del proyecto se hizo sentir muy fuerte en el ámbito portuario, por cuanto la exportación de cloruro de potasio, que inicialmente estaba prevista para 2015, significaba un importante ingreso de divisas para el Consorcio de Gestión del Puerto.

La minera tenía pensado enviar en una primera etapa a Brasil 2.500.000 toneladas de fertilizante por año, por lo que iba a abonar al puerto, en contraprestación de servicios, unos 2.500.000 de dólares anuales (uno por cada tonelada).

A esto debía sumarse el movimiento de unos cinco barcos mensuales, lo que posicionaría a los despachos de cloruro de potasio como la tercera carga general en los puertos del estuario local, luego obviamente de los granos y de los químicos e inflamables.

Ahora habrá que ver si tras la devaluación las cerealeras, uno de los sectores más favorecidos por esa medida del gobierno nacional, deciden encarar algún proyecto de envergadura como sucede en los puertos del Paraná, para lo cual hay tierras disponibles hacia el partido de Coronel Rosales.

No menos importante es todo lo vinculado con el megaproyecto que analiza Dow para la zona de Vaca Muerta, sobre todo en lo que hace a gas.

Su concreción, además de permitir duplicar la producción petroquímica local, posicionaría a Bahía como un puerto privilegiado a la hora de mover equipos y materiales hacia la cuenca neuquina, por lo que no se descarta algún proyecto logístico a gran escala.

Mientras tanto, el polémico tema de los reembolsos a los puertos Patagónicos sigue vigente y hasta tanto no se elimine de forma definitiva o gradual continuará abortando cualquier intento de establecer buques pesqueros de altura.

Sólo quedan algunas bocanadas de aire fresco como el molino destinado a procesar baritina, un producto que se emplea en la explotación de pozos petroleros y del que diéramos cuenta una semana atrás desde esta página.

 

Fuente: nuestromar.org

 

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